Niños sin ternura, adultos incapaces

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En la calidad del vínculo materno reside lo que seremos. Los padres debemos poner los cimientos para que nuestros hijos se conviertan en personas felices.

Generalmente hablamos de vínculo y de apego como términos sinónimos, aunque no lo son… El apego es un mecanismo biológico que pone en marcha una serie de comportamientos que facilitan la construcción del vínculo entre el bebé y la madre a fin de garantizar la protección y los cuidados que el recién nacido requiere, mientras que el vínculo es el lazo afectivo que se construye entre dos personas y que en el caso del vínculo materno permite al bebé desarrollarse no solo psicológicamente, si no también físicamente.

El recién nacido viene al mundo programado para ser sensible a determinados estímulos que facilitan la construcción del vínculo materno, por ejemplo es más sensible a la voz femenina que a la masculina, a lo que tiene movimiento frente a lo estático, al rostro humano. El llanto es una herramienta para ser atendido, como lo es la sonrisa y el balbuceo. Es su “equipo” para relacionarse. Jamás el llanto de un bebé es manipulativo, es la expresión de una necesidad concreta aunque a veces no la sepamos detectar.

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