Entre el alma animal y el alma humana existe una continuidad evolutiva

Las corrientes modernas de la biología, neurología, de la psicología, de la filosofía, e incluso de las teologías, insisten en revalorizar la riqueza psíquica de los animales

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Durante muchos siglos, se infravaloró la riqueza y naturaleza de la vida psíquica interior de los animales, en especial obviamente de los animales superiores. Sin duda, a ello contribuyó el dualismo propio de los sistemas escolásticos, celosos de preservar lo específicamente superior del hombre, recapitulado en el concepto de alma.

Sin embargo, las corrientes modernas de la biología, neurología, de la psicología, de la filosofía, e incluso de las teologías, insisten en revalorizar la riqueza psíquica de los animales, muy cercanos al hombre emocional y cognitivamente. Sin negar, claro está, lo específico del hombre frente al mundo animal, no es posible hoy negar la armonía del psiquismo animal con el psiquismo humano.

Cabe recordar que el Papa Juan Pablo II quiso incluso mencionar explícitamente que los animales tenían “alma” (es decir, el “alma animal”). La recuperación cristiana de la riqueza del mundo animal será un elemento más de convergencia con las religiones orientales.

El humanismo excluyente que comparten Descartes y la referida tradición, de la que por lo demás el filósofo francés era deudor confeso, ha tenido durante siglos por lema “los animales no tienen alma“,  sobreentendiéndose que solo la tiene el hombre. Y surge la pregunta de qué se entiende por “alma”, siendo así que es del reconocimiento, o no, de su presencia de lo que se derivaría el que un ser mereciese, o no, consideración y respeto.

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