El yoga es meditación

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El yoga se ha expandido en el mundo occidental como una forma de fitness, pero, en realidad, su práctica debería enfocarse en la meditación, como se concibió  hace miles de años.

Por Roberto Villalobos Viato

 

Nietzsche decía que el ser humano no es capaz de vivir con la verdad. Por eso, estando despierto o dormido, crea ilusiones. “Es como un continuo autoengaño para soportar la realidad, porque esta hace sufrir”, indica el psicoterapeuta guatemalteco Raúl De La Horra.

Esto pasa cuando se es rico o pobre. Cada quien tiene esperanzas proyectadas en el futuro; vive el hoy gracias al mañana. Sin embargo, el presente, que es lo único que existe e importa, se deja de lado.

Mientras eso suceda, es imposible entrar en el camino del yoga, que “es la ciencia del aquí y el ahora”, escribe el guía espiritual hindú Osho en su libro Yoga, la ciencia del alma, volumen I. “Significa estar dispuesto a no desplazarse al futuro; a dejar de tener esperanzas, a no saltar por delante del propio ser. El yoga es encarar la realidad”.

Esa es la esencia de esta disciplina, surgida en India hace tres mil o seis mil años —las fuentes difieren en ello—. Pero el mundo occidental moderno la ha transformado totalmente, pues se le ve como una técnica para combatir el estrés, sedentarismo o, incluso, para bajar de peso. Algunos lo toman como algo que hace que la gente pueda estar sobre sus cabezas y hacer toda clase de contorsiones.

“El yoga es unión; es meditación”, prosigue Osho.

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