DECONSTRUYENDO LA ILUSIÓN DE QUE SOMOS EGOS Y EXISTIMOS SEPARADOS

deconstruyendo

OR: ALEJANDRO MARTÍNEZ GALLARDO – 11/22/2016

UN POCO DE PSICOLOGÍA BUDISTA PARA DESHACER EL CASTILLO DE ARENA DEL EGO

Una de las enseñanzas centrales del budismo es que el yo individual que nos parece tan sólido y estable en realidad no existe por su propia cuenta, sino que coemerge con nuestros pensamientos, conceptos y relaciones. Como tal, no puede encontrarse en ningún lugar en específico y sólo se mantiene en tanto que reificamos conceptos de ser tal o cual persona, con estas o aquellas características.

James Low hace una buena labor en deconstruir el ego. Su visión es particularmente interesante ya que es alumno del maestro tibetano Chhimed Rigdzin y traductor de textos de la tradición dzogchén, y a la vez se ha desempeñado como psicoterapeuta. Low hace una interesante precisión: la palabra individuo significa “indivisible”, pero no hay nada en nosotros que no sea divisible: nuestro cuerpo está formado una piel y unos orgános que a su vez están formados por tejidos, que están formados por moléculas que están formadas por átomos… Pero los átomos, según la física moderna, no son realmente cosas, son ondas de información que surgen y desaparecen. Ahora bien, si a esto respondemos que no somos ninguna parte en específico sino la totalidad de nuestro cuerpo, entonces surge la pregunta de hasta dónde llega nuestro cuerpo, ya que nuestra piel es permeable y estamos constantemente siendo penetrados por miles de millones de microorganismos, por la luz del Sol y diferentes ondas del espectro electromagnético; asimismo, estamos respirando y recibiendo del entorno numerosas influencias sutiles. Así que nuestro cuerpo no es muy estable, ni tiene límites definidos que puedan fijar nuestra identidad. Podemos decir entonces que en realidad somos nuestra mente pero, ¿dónde está nuestra mente? Según el maestro Tsoknyi Rinpoche:

 

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